Haber conseguido un embarazo anteriormente puede hacer pensar que volver a lograrlo será sencillo. Sin embargo, no siempre ocurre así. Algunas personas empiezan a buscar un segundo hijo y descubren que pasan los meses sin conseguir embarazo, a pesar de no haber tenido dificultades reproductivas en el pasado.

Esta situación se conoce como infertilidad secundaria. Puede aparecer después de uno o varios embarazos y sus causas son, en gran medida, las mismas que pueden dificultar un primer embarazo.

El paso del tiempo, los cambios en la función ovárica, nuevas alteraciones ginecológicas o modificaciones en la calidad seminal pueden hacer que la situación reproductiva actual sea diferente a la de años atrás.

Por eso, haber conseguido un embarazo previamente es una información importante, pero no garantiza que las condiciones sean exactamente las mismas cuando se intenta ampliar la familia.

Qué se considera infertilidad secundaria

La infertilidad secundaria hace referencia a la dificultad para conseguir un nuevo embarazo después de haber logrado una gestación previamente.

Desde el punto de vista clínico, la infertilidad se define generalmente como la ausencia de embarazo después de 12 meses de relaciones sexuales regulares sin anticoncepción. Sin embargo, la valoración puede comenzar antes en función de la edad y de los antecedentes.

La principal diferencia respecto a la infertilidad primaria es, por tanto, la existencia de un embarazo anterior. Esto no significa que las causas sean necesariamente diferentes.

Pueden aparecer problemas relacionados con la ovulación, las trompas, el útero o el semen. También puede suceder que el estudio no encuentre una explicación concreta.

Una dificultad frecuente es que la existencia de un hijo previo puede retrasar la consulta. Es habitual pensar que, si una vez se consiguió embarazo con facilidad, simplemente será necesario seguir intentándolo durante más tiempo. En determinadas circunstancias, esperar demasiado puede no ser la mejor estrategia.

Por qué puede aparecer después de haber tenido un embarazo

La fertilidad no permanece igual durante toda la vida. Entre un embarazo y la búsqueda del siguiente pueden haber pasado varios años y producirse cambios tanto en la mujer como en el hombre.

También pueden aparecer enfermedades, intervenciones quirúrgicas, cambios hormonales o alteraciones ginecológicas que antes no existían.

Incluso un embarazo o parto previo puede dejar antecedentes relevantes para la valoración actual. Esto no significa que haber tenido un hijo provoque infertilidad, sino que la historia obstétrica forma parte de la información que debe revisarse cuando aparece una nueva dificultad reproductiva.

Edad, cambios ováricos y paso del tiempo

Uno de los factores más importantes es la edad de la mujer. La cantidad de ovocitos disponibles disminuye progresivamente y, con el paso de los años, también cambia su calidad.

Por ejemplo, una mujer que tuvo su primer hijo a los 31 años puede encontrarse en una situación reproductiva diferente si empieza a buscar otro embarazo a los 37. Aunque hayan transcurrido únicamente unos años, ese intervalo puede tener relevancia.

La edad del hombre también puede influir, aunque el efecto reproductivo del envejecimiento masculino es diferente y generalmente más gradual.

El tiempo transcurrido desde el embarazo anterior debe, por tanto, formar parte de la valoración. La experiencia reproductiva previa es positiva, pero no sustituye el análisis de la situación actual.

Nuevos factores femeninos o masculinos

Entre un embarazo y otro pueden aparecer diferentes alteraciones.

En la mujer pueden desarrollarse problemas de ovulación, endometriosis, miomas, adenomiosis, pólipos o alteraciones de las trompas. También pueden producirse cambios importantes en la reserva ovárica.

Algunas cirugías abdominales o pélvicas, determinadas infecciones y otros antecedentes médicos pueden modificar las posibilidades reproductivas.

En el hombre también pueden aparecer cambios. La concentración, movilidad o calidad de los espermatozoides puede variar con el tiempo debido a diferentes factores médicos, ambientales o relacionados con determinados hábitos.

Por eso, ante una infertilidad secundaria no debería asumirse automáticamente que el problema está en la mujer solo porque anteriormente existió un embarazo.

Cuándo conviene consultar si el segundo embarazo no llega

El momento adecuado para iniciar un estudio depende especialmente de la edad y de los antecedentes.

Como criterio general, en mujeres menores de 35 años suele recomendarse realizar una valoración después de aproximadamente 12 meses de relaciones regulares sin protección sin conseguir embarazo.

A partir de los 35 años, la evaluación suele adelantarse a los seis meses. En edades superiores o cuando existen factores conocidos que pueden afectar a la capacidad reproductiva, puede ser aconsejable consultar antes.

También puede justificarse una valoración temprana si existen reglas muy irregulares o ausencia de menstruación, antecedentes de endometriosis, cirugías pélvicas, problemas conocidos en las trompas o alteraciones previas del semen.

No es necesario esperar de forma estricta un periodo determinado cuando ya existe un motivo médico para pensar que puede haber una dificultad.

Qué se estudia cuando ya hubo embarazos anteriores

El hecho de haber conseguido un embarazo previamente aporta información, pero no elimina la necesidad de estudiar la situación actual.

La valoración suele comenzar revisando cuánto tiempo lleva la pareja intentando embarazo, cómo son los ciclos menstruales, cuándo se produjo el embarazo anterior y si hubo alguna complicación durante la gestación, el parto o posteriormente.

También se revisan enfermedades, operaciones, tratamientos y cambios relevantes desde entonces.

En la mujer puede ser necesario estudiar la ovulación, valorar la función ovárica y revisar mediante ecografía el útero y los ovarios. Dependiendo del caso, también puede comprobarse la permeabilidad de las trompas.

En el hombre, el seminograma permite valorar las características actuales de la muestra seminal.

Por qué hay que volver a valorar a ambos miembros de la pareja

Uno de los errores que pueden aparecer ante una infertilidad secundaria es utilizar los resultados de años atrás como referencia definitiva.

La fertilidad puede cambiar. Un seminograma previo normal no garantiza que la situación sea idéntica varios años después. Del mismo modo, haber tenido ciclos regulares o una buena respuesta ovárica anteriormente no permite conocer exactamente cómo funcionan ahora los ovarios.

Por eso, cuando existe una pareja masculina, el estudio debe contemplar a ambos miembros desde el principio cuando esté indicado.

Evaluar simultáneamente los factores femeninos y masculinos evita retrasar el diagnóstico y permite decidir mejor qué estrategia seguir.

Qué opciones existen según la causa encontrada

El tratamiento de la infertilidad secundaria no depende de que ya exista un hijo, sino de por qué no está llegando el nuevo embarazo.

Si existe una alteración de la ovulación, puede ser necesario tratar su causa o utilizar medicamentos para favorecerla. Si se detecta una alteración uterina relevante, puede valorarse su tratamiento antes de continuar buscando embarazo.

Cuando existe un factor masculino, las opciones dependerán de su intensidad. En algunos casos pueden plantearse cambios o tratamientos específicos; en otros puede ser necesario recurrir a reproducción asistida.

También pueden utilizarse técnicas como la inseminación artificial o la fecundación in vitro cuando están indicadas.

La edad y el tiempo disponible son especialmente importantes para decidir cuánto tiempo dedicar a cada estrategia. No siempre tiene sentido pasar durante muchos meses por diferentes tratamientos progresivos si el pronóstico indica que conviene avanzar más rápido.

En otros casos, cuando el estudio es favorable y el tiempo de búsqueda todavía es limitado, puede recomendarse continuar intentando embarazo espontáneo durante un periodo razonable.

El impacto emocional de que el embarazo no llegue esta vez

La infertilidad secundaria puede resultar difícil de comprender precisamente porque anteriormente sí hubo un embarazo.

Es frecuente preguntarse qué ha cambiado o comparar constantemente la búsqueda actual con la experiencia anterior. También puede aparecer culpa por sentirse afectada cuando ya se tiene un hijo, especialmente al comparar la propia situación con la de personas que nunca han conseguido embarazo.

Estas emociones no modifican la realidad médica: tener un hijo previo no impide que exista actualmente una dificultad reproductiva que merece ser estudiada.

Además, la búsqueda de un segundo embarazo suele producirse en un momento vital diferente, con responsabilidades familiares, trabajo y menos disponibilidad para realizar pruebas o tratamientos.

Haber tenido un embarazo previo no garantiza la situación reproductiva actual

La infertilidad secundaria puede aparecer incluso cuando el primer embarazo llegó rápidamente y sin necesidad de tratamiento. El organismo cambia con el tiempo y también pueden cambiar las circunstancias reproductivas de ambos miembros de la pareja.

La edad, la ovulación, las trompas, el útero, la calidad seminal o nuevas enfermedades pueden explicar por qué esta vez el embarazo tarda más en llegar.

Por eso, el antecedente de un embarazo previo debe considerarse una parte de la historia clínica, pero no una garantía sobre el futuro.

Si llevas tiempo intentando conseguir otro embarazo sin éxito, realizar una valoración permite comprobar qué ha cambiado desde la gestación anterior y si existe algún factor que pueda tratarse. Identificar la situación actual es el primer paso para decidir si conviene seguir intentándolo de forma espontánea o valorar otras opciones.