El síndrome de Asherman es una alteración poco frecuente de la cavidad uterina en la que se forman adherencias o cicatrices dentro del útero. Estas bandas de tejido pueden unir zonas que deberían permanecer separadas y reducir, en mayor o menor medida, el espacio disponible en la cavidad.
En algunas mujeres, estas adherencias producen cambios en la menstruación, dolor pélvico o dificultad para conseguir embarazo. En otras, pueden descubrirse durante un estudio ginecológico realizado por otro motivo.
La importancia del síndrome de Asherman depende de la cantidad, localización y densidad de las adherencias. No todos los casos tienen la misma gravedad ni el mismo pronóstico. Por eso, cuando existe deseo de embarazo, es fundamental valorar hasta qué punto está afectada la cavidad uterina y qué opciones de tratamiento pueden plantearse.
Qué es el síndrome de Asherman
El síndrome de Asherman aparece cuando se forma tejido cicatricial dentro del útero. Estas cicatrices se conocen como adherencias intrauterinas o sinequias.
El endometrio, que recubre el interior del útero, necesita mantener una superficie adecuada para responder al ciclo menstrual y permitir la implantación de un embrión. Cuando determinadas zonas sufren una lesión importante, pueden cicatrizar de forma anómala y quedar unidas entre sí.
Las adherencias pueden ser finas y afectar solo a una pequeña zona de la cavidad o ser más densas y extensas. En los casos más graves, una parte importante del interior del útero puede quedar ocupada por tejido cicatricial.
Por eso, el síndrome no debe interpretarse únicamente como “tener una cicatriz”. Lo relevante es valorar cuánto espacio uterino está afectado y si el endometrio conserva suficiente superficie funcional.
Por qué se forman adherencias dentro del útero
El síndrome de Asherman suele aparecer después de una lesión del endometrio. Una de las situaciones más asociadas es la realización de procedimientos dentro del útero, especialmente cuando se llevan a cabo después de un embarazo.
Los legrados o procedimientos para retirar tejido uterino después de un aborto, una gestación detenida o restos placentarios pueden aumentar el riesgo de formación de adherencias. Esto no significa que estos procedimientos provoquen siempre síndrome de Asherman, sino que constituyen uno de los antecedentes más frecuentes.
También puede aparecer después de otras cirugías sobre la cavidad uterina, como determinados procedimientos para retirar miomas o tratar malformaciones.
Con menor frecuencia, algunas infecciones graves del endometrio pueden favorecer la formación de cicatrices.
Cirugías uterinas, legrados y otras posibles causas
Cuando el endometrio se lesiona en dos superficies enfrentadas, ambas zonas pueden cicatrizar uniéndose entre sí. Es así como pueden formarse las adherencias.
El riesgo puede aumentar cuando existen procedimientos repetidos dentro del útero o cuando la intervención se realiza en determinadas circunstancias, como después de un embarazo.
Por eso, ante una mujer que desarrolla reglas mucho más escasas después de un procedimiento uterino, especialmente si además tiene dificultades para conseguir embarazo, puede ser razonable estudiar la cavidad.
No obstante, la presencia de un antecedente quirúrgico no significa necesariamente que se hayan formado adherencias. El diagnóstico requiere pruebas específicas.
Qué síntomas pueden hacer sospecharlo
Los síntomas son variables. Algunas mujeres presentan cambios muy claros en la menstruación, mientras que otras apenas notan diferencias.
Uno de los signos más característicos es que las reglas se vuelvan mucho más escasas después de haber sido normales previamente. En los casos más extensos, la menstruación puede desaparecer por completo.
También puede aparecer dolor menstrual. Si existen adherencias que bloquean parcialmente la salida del sangrado, la mujer puede sentir molestias coincidiendo con el momento en que debería aparecer la regla, aunque el sangrado sea muy escaso o no llegue a producirse.
En otras ocasiones, el primer indicio es la dificultad para conseguir embarazo o la aparición de pérdidas gestacionales repetidas.

Reglas muy escasas, ausencia de menstruación y dificultad para conseguir embarazo
Una disminución importante del sangrado menstrual después de un legrado o una cirugía uterina puede justificar una valoración.
Sin embargo, tener reglas escasas no significa automáticamente que exista síndrome de Asherman. Las alteraciones hormonales, la insuficiencia ovárica, determinados anticonceptivos y otras situaciones también pueden cambiar la menstruación.
Por eso, los síntomas deben interpretarse junto con los antecedentes.
Desde el punto de vista reproductivo, las adherencias pueden dificultar el embarazo porque alteran la cavidad donde debe implantarse el embrión. Si el endometrio está dañado o una parte importante de la superficie está ocupada por cicatrices, la implantación puede resultar más difícil.
Cómo se diagnostican las adherencias uterinas
Para estudiar el síndrome de Asherman es necesario valorar el interior de la cavidad uterina.
La ecografía transvaginal convencional puede aportar información, pero no siempre permite identificar bien las adherencias. Por eso pueden emplearse técnicas específicas para visualizar mejor el interior del útero.
La histerosonografía consiste en introducir líquido en la cavidad mientras se realiza una ecografía. El líquido separa las paredes y facilita la identificación de lesiones, irregularidades o zonas adheridas.
También puede utilizarse la histerosalpingografía, aunque tiene limitaciones y no permite visualizar directamente las adherencias.
La prueba de referencia para confirmar y valorar el síndrome es la histeroscopia.
Histeroscopia y otras pruebas de imagen
La histeroscopia permite introducir una cámara muy fina a través del cuello del útero y observar directamente la cavidad.
Esto tiene una ventaja importante: permite conocer dónde están las adherencias, su extensión y su densidad. Además, en determinados casos puede diagnosticarse y tratarse el problema durante el mismo procedimiento.
La histerosonografía puede ser útil como método menos invasivo para detectar alteraciones de la cavidad, pero si existe una sospecha clara o es necesario tratar las adherencias, la histeroscopia suele tener un papel central.
La elección de las pruebas depende de los síntomas, los antecedentes y de los hallazgos obtenidos durante el estudio.
Cómo se trata el síndrome de Asherman
El tratamiento principal consiste en liberar las adherencias para intentar restaurar la anatomía normal de la cavidad uterina.
Esto suele realizarse mediante histeroscopia quirúrgica. El especialista observa directamente las cicatrices y utiliza instrumentos pequeños para separarlas de forma controlada.
El objetivo es recuperar el mayor espacio posible dentro del útero y preservar el endometrio sano que todavía existe.
La dificultad del procedimiento depende de la gravedad. Las adherencias finas pueden ser relativamente sencillas de liberar, mientras que los casos extensos y densos pueden requerir más de una intervención.
Liberación de adherencias mediante histeroscopia
Después de retirar las adherencias existe riesgo de que vuelvan a formarse durante la cicatrización.
Por este motivo, el seguimiento posterior es una parte importante del tratamiento. Dependiendo del caso, pueden utilizarse diferentes estrategias para reducir el contacto entre las paredes uterinas mientras cicatrizan.
También puede recomendarse tratamiento hormonal para favorecer la regeneración del endometrio en determinadas pacientes.
Posteriormente puede realizarse una nueva valoración de la cavidad para comprobar si las adherencias han reaparecido y si el útero mantiene una anatomía adecuada.
No todas las pacientes necesitan exactamente el mismo protocolo. La intensidad del tratamiento y del seguimiento depende de la extensión inicial de las lesiones.
Embarazo después del tratamiento: qué puede esperarse
Muchas mujeres pueden conseguir embarazo después de tratar las adherencias, especialmente cuando el síndrome es leve o moderado y se consigue recuperar una cavidad uterina funcional.
Sin embargo, el pronóstico cambia según la gravedad. Cuando las adherencias son extensas y existe un daño importante del endometrio, las posibilidades reproductivas pueden ser menores.
También deben valorarse otros factores. La edad, la reserva ovárica, las trompas y el semen siguen siendo relevantes, porque tratar el síndrome de Asherman no elimina otras posibles causas de dificultad para conseguir embarazo.
Además, algunos embarazos posteriores pueden necesitar una vigilancia específica. Las cicatrices uterinas y el daño previo del endometrio pueden asociarse en ciertos casos a problemas relacionados con la placenta.
Por eso, cuando se consigue embarazo después de un síndrome de Asherman importante, conviene informar al equipo obstétrico sobre este antecedente.
Por qué la gravedad de las adherencias cambia el pronóstico
El síndrome de Asherman puede presentarse de formas muy diferentes. Una mujer puede tener unas pocas adherencias finas y conservar casi toda la cavidad uterina normal, mientras que otra puede presentar cicatrices densas que afecten a gran parte del endometrio.
Esa diferencia explica por qué no existe un único pronóstico.
En los casos leves, liberar las adherencias puede permitir recuperar una cavidad prácticamente normal. En los más graves, el tratamiento puede ser más complejo y el tejido endometrial disponible puede ser limitado.
Por ello, la valoración debe centrarse en la extensión real de las adherencias y no únicamente en el nombre del diagnóstico.
Si después de una cirugía uterina o un legrado tus reglas se han vuelto mucho más escasas, han desaparecido o estás teniendo dificultades para conseguir embarazo, estudiar la cavidad uterina puede ayudar a descartar la presencia de adherencias.
Cuando existen, la histeroscopia permite valorar su extensión y, en muchos casos, tratarlas. El objetivo es recuperar una cavidad uterina lo más funcional posible y establecer un pronóstico reproductivo adaptado a cada situación.
